Escuche Kapital Stereo

Entre el fuego y la conciencia.

2026-04-06-15:44:16 70

Arauca arde. No es una frase retórica, es una realidad que se repite con demasiada frecuencia en las sabanas, en las veredas y, cada vez más, al interior de la zona urbana. Lo que está ocurriendo en sectores como Mategallina, El Recreo o Caño Jesús no es un hecho aislado, es la evidencia de una práctica que persiste en el tiempo y que hoy, en medio del cambio climático, se ha convertido en una amenaza mayor.

La advertencia de Corporinoquia sobre las quemas ilegales que están generando incendios de gran magnitud, afectando la fauna, la flora, el suelo y la salud de las comunidades. Y, sin embargo, siguen ocurriendo.

Aquí es donde la conversación realmente debe ser honesta, Cultura, necesidad y responsabilidad.

En Arauca, las quemas no nacen únicamente de la irresponsabilidad. También tienen un componente cultural y práctico. Durante años, muchos campesinos han utilizado el fuego como herramienta para limpiar terrenos, preparar la tierra o incluso manejar residuos. Pero lo que antes podía parecer una práctica controlada, hoy es un riesgo desbordado.

Las condiciones climáticas han cambiado. Las temperaturas son más altas, los vientos más intensos y la sequía más prolongada. En ese contexto, una quema “controlada” fácilmente se convierte en un incendio incontrolable, por lo que entender el contexto cultural no significa justificar el daño, significa reconocer que el problema no se resuelve solo con sanciones, pero tampoco sin ellas.

La legislación colombiana es clara. El Código Nacional de Recursos Naturales Renovables y la Ley 1333 de 2009 establecen que las quemas no autorizadas constituyen una infracción ambiental.

Las sanciones pueden incluir multas económicas, suspensión de actividades e incluso procesos penales si se demuestra daño grave al medio ambiente. Además, el Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana contempla medidas correctivas para quienes generen riesgos mediante este tipo de prácticas.

El problema en Arauca no es la ausencia de norma. Es la debilidad en su aplicación. ¿Dónde está la autoridad ambiental en el territorio?

 

Uno de los vacíos más evidentes es la falta de presencia efectiva de una policía ambiental con capacidad real de control y sanción. Las comunidades denuncian, los incendios ocurren, pero pocas veces se conocen responsables o sanciones ejemplares. Esa falta de consecuencias termina normalizando el problema.

Sin control, la norma pierde fuerza y sin sanción, la conducta se repite, pero hay otra realidad que no puede ignorarse.

El Cuerpo de Bomberos enfrenta estas emergencias con recursos limitados frente a un territorio amplio y complejo. Arauca no es una ciudad compacta; es una capital rodeada de extensas sabanas, donde un incendio puede expandirse en cuestión de minutos y recorrer kilómetros, por lo que atender múltiples focos simultáneamente, con condiciones climáticas adversas y accesos difíciles, supera muchas veces la capacidad operativa disponible.

Esto no es una excusa para quienes provocan incendios. Es un llamado a fortalecer institucionalmente a quienes deben enfrentarlos, con más equipos, más personal, más articulación regional. Porque el fuego no espera y tampoco da tregua.

Sin embargo, más que apagar incendios la solución no puede limitarse a reaccionar, debe centrarse en prevenir. Con políticas públicas claras, como Programas de educación ambiental en zonas rurales, Promoción de métodos alternativos para la preparación de suelos, Incentivos para prácticas sostenibles Y, sobre todo, presencia institucional constante. Arauca necesita pasar de la cultura del “apague” a la cultura del “evite”.

Cuando hablamos de una conversación honesta es porque aquí recae una responsabilidad colectiva, y es la existencia de una verdad incómoda: no todo es institucional, cada quema irresponsable, cada incendio provocado, cada silencio frente a estas prácticas, es lo que nos debe permitir comprender que la comunidad tiene un papel clave, denunciar, no replicar estas acciones y asumir que el territorio es una responsabilidad compartida.

Arauca en este momento está en un punto de inflexión, donde se puede seguir viendo los incendios como episodios recurrentes o realmente asumirlos como una crisis que exige cambios de fondo, en el que las autoridades deben asumir su papel y actuar con firmeza, las instituciones deben fortalecerse, y la ciudadanía debe tomar conciencia.

Porque al final, el problema no es solo el fuego, es la falta de conciencia ciudadana en el que debemos ya asumir que el cambio climático es un problema que no es ajeno a nuestro territorio, decir coloquialmente que el calor no da tregua en Arauca cuando tenemos las temperaturas que ya alcanzan los 38,2 °C, superando los 37 °C en varios municipios y además tener que convivir con el humo en el aire, generando también afectaciones directas a la salud.